Presentación

Son muchos los motivos por los que sorprende esta generación de poetas angloparlantes que alimentó la primera guerra mundial. Sin duda, porque a pesar de ser considerados muchos de ellos poetas  menores deslumbran por su número y calidad. Y a pesar del tiempo transcurrido, por el intenso efecto de la palabra en directo de aquellos jóvenes y no tan jóvenes poetas que dieron una precisa idea de lo que les tocó vivir.     A través de  sus palabras se puede percibir  el impacto  tan profundo que supuso la primera guerra mundial en la forma de mirar del europeo:  de un inocente patriotismo, de los encendidas defensas  de los valores y la tradición, a una total incomprensión  y escepticismo.

Algunos se alistaron siendo poetas pero a otros la guerra les hizo poetas. Valientes y sensibles, saltaban de trinchera en trinchera con o sin temor y por la noche bajo la lámpara de gas  intentaban descifrar las confusas imágenes del día y sobre todo  recordaban su tierra natal. Algunos se rebelaron, pero los más cumplieron  sin dudar con aquellos infernales inviernos, entre las armas diurnas y la palabra nocturna.

Junto a poetas mayores  traducidos al español como W. Owen, R. Graves o S. Sassoon, la primera guerra mundial dio lugar a un amplio grupo de poetas de habla inglesa que han sido escasamente traducidos y  bien merece la pena su difusión. Algunos como R. Brooke, I. Rosenberg, E. Ewards, W. Owen,  J. Grenfell,  Ch. Sorley, o el canadiense John Mcrae, y los irlandeses Th. Kettle y F. Ledwidge  murieron en la guerra. Otros, como H. Read, F. Madox,  I Gurney, R. Aldington  o R. Nichols, y las dos únicas poetisas  aquí incluidas, K. Tynan  y  W. M Letts, sobrevivieron para contar  sus experiencias en   forma de poesía, novelada o  en lúcidas memorias. Algunos se hicieron amigos como el propio R. Graves y S. Sassoon, y otros no se conocieron nunca aunque tuvieron mucho en común.  En el caso de R Nichols e I. Gurney  no solo compartieron su joven entusiasmo sino las importantes secuelas psíquicas tras su estancia en las trincheras. Otros como Ch. Sorley y J. Mcrae unidos por la particular y casual forma de recuperar  los poemas por los que se les recuerda.

Únicamente, entre los incluidos, W.B. Yeats, L Bynion, o A.E. Housman no participaron- por su edad- en la guerra, pero  en el caso de los dos primeros  escribieron algún  poema que no hay que olvidar y que  justifica su inclusión y en el caso de Houssman, porque su  poesía   influyó de forma muy evidente en gran parte de los poetas de la primera guerra mundial.

Los temas son muchos y variados. Son abundantes  los homenajes a todos los ausentes, pero también los homenajes a la amistad, al desertor, al herido, al inválido, a la emoción  anterior a la carga, o a la mirada del prisionero,  al lamento, a Venus o a la ajena mirada ante  el día del Armisticio. En todos ellos un retazo de la historia  y de  vida, pero algo quizás también de  siniestra e inquietante belleza que  puede existir en el  contraste entre  la mirada sobre un montón de brazos y piernas y los colores matizados del crepúsculo.

En algunos casos sus imágenes son modernas, su lenguaje más incisivo, lo trascendente y lo concreto y real viajan juntos, los contrastes de lo solemne y lo irreverente parecen querer expresar una venganza personal, un ajuste de cuentas con aquellos días y noches.

En todo caso, parece  claro que, hoy, los reconocemos como parte de  un intento común, en su labor de quitar el velo al  romanticismo, donde la belleza y  la idealización de los grandes sentimientos estaban por encima de cualquier realidad. El sentimiento expresado por  E. Edwards  lo vemos en todos. La vida no merecía la pena vivirla si uno no era capaz de entregarla. Y con ello uno no se ganaba la gloria más allá de haber tenido la oportunidad de dibujar un bello cuadro.  Pero poco a poco el idealismo inicial deja paso a un actitud de sumisa obediencia para terminar considerando una injusticia, sin más, la experiencia del frente.

Y de una lectura general puede quedar una común idea:  frente  a cualquier forma de abstracción, de idealismo, el ser humano. La vida, cada vida, cada gesto, frente al espíritu de una comunidad,  todos y cada uno de aquellos brazos y piernas entre cables y alambradas frente a cualquier forma de disolución en un gran gesto.

No es imposible imaginarlos marchando con sus brigadas, como no  es  imposible que sus brigadas se cruzaran en algún camino de la retaguardia,  aunque  muy difícil resulta que sus miradas se cruzaran   o  que  reconocieran en sus miradas sus muchas coincidencias, lo cierto es que les unió una misma mirada, y a pesar de sus muertes en muchos casos prematuras,   sus palabras sobrevivieron a aquellas trincheras y planean sobre  la propia historia de la guerra.

¿La vida humana por encima de cualquier idea o ideal? Sartre distinguía entre el  militante que se entregaba por una idea, el aventurero que lo hacía por la acción, y el del burgués que guardaba el yo como un cofre sagrado a proteger de cualquier ataque o invasión. No es imposible que todos tengamos los tres, todos en nuestro imaginario podemos albergar un nómada, una utopía, un paraíso; pero en esta época todos sabemos de la importancia del cofre sagrado quizás por  la clara percepción de su fragilidad, la de la utopía digo, la del nómada que busca la tierra prometida. Quizás nostros podamos entender  mejor esta poesía  que muchos de sus contemporáneos.

Nos preguntamos sin cesar si algo necesario hubo en aquel y no solo en aquel infierno, si algo aprendió el hombre que no supiera antes. Puede que en esa inmensa humanidad que hay en la conciencia de la fragilidad del ser humano, vaya unida en todos ellos  al reconocimiento del valor intrínseco de cualquier vida, algo trascendente que parecen querer ver en esas  caras retorcidas.

En fin un conjunto de poetas sorprendente que para un español es mayor si se compara  con la escasa producción literaria de nuestra guerra civil que no dio lugar a esa mezcla de valentía y sensibilidad; ni la guerra desarrolló un instinto poético, ni un gusto por escribir diarios o memorias.  Seguro que la ficción en forma de anécdotas asistía a todas aquellas veladas nocturnas pero de todo eso poco podemos aprender los que no asistimos

Dos últimas precisiones para finalizar de carácter práctico. Por cada poeta  he recogido una pequeña reseña biográfica referida, básicamente, a su relación con la guerra y se recoge al menos una poesía que, además.  se encuentra traducida al español.   La traducción se plantea como un espacio abierto donde puedan  enviarse  traducciones alternativas. Mi amigo José María Navarro Viñuales anglófilo por naturaleza y amante al igual que yo de esta poesía y de estos poetas plantea alternativas a algunas de las traducciones que espero se vean aumentadas con el tiempo.  Se trata  no solo de divulgar sino de animar a traducir  en la creencia de que  cada traducción puede aportar  perspectivas  distintas del poema y en definitiva de la propia vida.

Ignacio Pemán Gavín.

British troops in silhouette march towards trenches near Ypres at the western front during the first world war. Photograph: Hulton-Deutsch Collection/Corbis

http://www.theguardian.com/books/2011/oct/10/poem-of-the-week-t-e-hulme

Responses

  1. This is a fascinating blog. Congratulations!

  2. Me parece un excelente trabajo, y es de mucha utilidad. Le felicito!


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