Posteado por: ignaciopeman | febrero 25, 2011

reseña biográfica

Al iniciarse la guerra, John Mcrae (1872 –1918) tenía ya un largo recorrido como médico en Canadá  y como soldado por haber participado en la segunda guerra de los Boers. Durante la guerra mundial participó en la segunda batalla de Ypres en 1915 y dirigió el Hospital canadiense en el frente francés. A diferencia de otros la Galería Nacional de Retratos no guarda retrato alguno. La foto que data del inicio de la guerra refleja un mirada inteligente y entrañable. Según nos dicen Alan Judd y David Crane tras dos años de guerra estaba prematuramente envejecido hasta el punto de que una antigua amiga que le encontró en el frente no le reconoció. La vejez, la mirada cansina no suele ser bella y quizás decidió no dejar rastro de su juventud perdida.

  Sus biografías en internet son abundantes y en todas ellas hablan de su importante labor como médico antes y durante la guerra. Hay, no obstante, un dato irrelevante en la biografía que  llama la atención.  Con motivo de la batalla de Ypres  se reseña que su regimiento se enfrentó con uno de los primeros ataques de los alemanes con gas, en el que, al parecer  aquellos soldados  resistieron  durante dieciséis días. No durante catorce ni veintidós. Sino que nos dicen que fueron dieciséis. Sin duda una hazaña que con el tiempo más parece un dato sobre una competición o sobre algún extraño record. Tras los dieciséis días aguantando,  los alemanes tomaron la posición y luego  los aliados y así sucesivamente. Hoy es un campo de amapolas en la campiña francesa llena de viñedos. Aparentemente no hay ni rastro de sus días y noches resistiendo frente a la potente arma del enemigo.  Entre barro y frío todos pensaban en  alargar un día más, “un día más sin pasar”, pensarían de forma insistente, sí  dieciséis días no catorce ni diez. Murieron unos y otros contaron la hazaña; luego desmontaron el escenario y  dejaron alguna señal para recordar que  también  ese campo de amapolas es algo distinto de lo que se ve.

 De Mcrae  se incluye el poema In Flander’s Fields’  en el que  las amapolas son la parte más importante de este homenaje  a los caídos. Frente a otros   poemas  que dialogan con  la muerte, o con su sin sentido, en estas líneas el referente es claramente el  soldado desconocido. Me  ha sorprendido que fuera tan conocido su poema -que escribió como homenaje a un amigo Alexis Helmer, muerto en el frente-;  quizás me sorprendió que un médico poeta amateur fuera el autor de   uno de los poemas más populares durante la guerra.

Ignacio Pemán Gavín

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