Posteado por: ignaciopeman | febrero 26, 2011

poesía traducida


Edmund Blunden, Preparations for Victory (1918)

My soul, dread not the pestilence that hags

The valley; flinch not you, my body young

At these great shouting smokes and snarling jags

Of fiery iron; as yet may not be flung

The dice that claims you. Manly move among

These ruins, and what you must do, do well;

Look, here are gardens, there mossed boughs are hung

With apples who bright cheeks none might excel,

And there’s a house as yet unshattered by a shell.

“I’ll do my best,” the soul makes sad reply,

“And I will mark the yet unmurdered tree,

The tokens of dear homes that court the eye,

And yet I see them not as I would see.

Hovering between, a ghostly enemy.

Sickens the light, and poisoned, withered, wan,

The least defiled turns desperate to me.”

The body, poor unpitied Caliban,

Parches and sweats and grunts to win the name of Man.

Days or eternities like swelling waves

Surge on, and still we drudge in this dark maze;

The bombs and coils and cans by strings of slaves

Are borne to serve the coming day of days;

Pale sleep in slimy cellars scarce allays

With its brief blank the burden. Look, we lose;

The sky is gone, the lightless, drenching haze

Of rainstorms chills the bone; earth, air are foes,

The black fiend leaps brick-red as life’s last picture goes.

—————————————————————–

Edmund Blunden, Preparativos para la Victoria (1918)

Mi alma, indiferente   a  la pestilencia que envuelve

El Valle; no te encojas, mi cuerpo joven

Por estos grandes y ruidosos humos  y gruñentes juergas

de hierro ardiente; que aún no puede ser arrojado

el dado que te reclama. Como un hombre  se mueve entre

Estas ruinas, y lo que  tengas que hacer, hazlo bien;

Mira, aquí están los  jardines, allí ramas con musgo colgaban

con  manzanas cuyas mejillas brillantes ninguna  excede de las demás,

y hay una casa aún no destrozada por un obús.

Yo lo haré lo  mejor que pueda, el alma responde tristemente,

“Y  marcaré el todavía no asesinado árbol

El símbolo de nuestras queridas casas que corteja la vista

Y sin embargo los veo no como los vería

Deambulando entre, un fantasma enemigo.

Asqueada  luz, y envenenada, mustia, lánguida,

El menos profanado se gira para desesperarme”.

El cuerpo, pobre incomprendido Caliban,

Sediento y suda  y gruñe para ganar el calificativo  de Hombre

Días y eternidades como olas hinchadas

Avanzan,  y todavía caminamos lentamente en el oscuro laberinto;

Las bombas y  cables y latas por cintas de esclavos

Son cargados para servir la llegada de días y días;

Pálidos duermen en viscoso sótanos, escasos aliados

Con sus  breves blancos la carga. Mira, nosotros perdimos;

El cielo se fue, sin luz, empapada bruma

De  tormentas que calan hasta los huesos; tierra, el aire son enemigos

El negro demonio salta el ladrillo rojo mientras la última foto  de la vida se va.

Traducción/ Ignacio Pemán Gavín

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