Posteado por: ignaciopeman | abril 29, 2012

reseña biográfica

E.E. CUMMINGS, nacido en  1894 en  Cambridge, Massachusetts pertenece al numeroso grupo de escritores americanos atraídos por la Europa de principios de siglo XX, y al muy selecto grupo de escritores voluntarios que participaron como conductores de ambulancias durante la guerra mundial ( entre ellos Ernest Hemingway, John Dos Passos, Somerset Maugham. Robert Service, y un largo etc..) atraídos por una actividad que les permitía compaginar sus posiciones pacifistas con la participación en una aventura  tan intensa.

Un poco antes de que EEUU entrara en la guerra, en abril de 1917, con 23 años,  recién finalizados sus estudios universitarios en lenguas clásicas  se alistó como voluntario en el cuerpo de ambulancias Northon-haries y tras varias semanas en París, fue asignado como conductor de ambulancia en la zona de Noyon junto a  su amigo William Slater Brown cuya amistad sellaría su corto viaje en el frente.

Tres meses más tarde, en Septiembre fueron arrestados debido a las sospechas que despertaban en la censura  las cartas que enviaba a su casa Brown y en concreto sus alusiones  a la baja moral de las tropas francesas y a los motines que habían presenciado silenciadas por la prensa.

En el caso de Cummngs el motivo más bien fue su amistad con  Brown. Cuando Cummings fue interrogado, quiso ser fiel a su amigo e hizo todo lo posible para compartir su destino.  Cuando le preguntaron si odiaba a los alemanes Cummings respondió que no les odiaba pero que amaba mucho a los franceses. Por no mucho más lo mandaron al campo de concentración junto a su amigo al sur de Normandía llamado La Ferté Macé. Gracias a las gestiones de su padre Cummings fue el día de año nuevo de1918 aEstados Unidos  enviado a un campo militar en Estados Unidos hasta que fue definitivamente licenciado tras el armisticio

El paso de Cummings no pudo ser más efímero llegó a estar en París cinco semanas, en el frente tres meses y otros tres meses internado en el campo de concentración, lo que no impidió queel impacto de la guerra  constituyera el material de  su primer libro, una novela, basada en sus experiencias en el campo de concentración en Francia, The Enormous Room, ni que volviera al año siguiente para viajar por Portugal y España con Dos Passos, y se asentara en el  París de entreguerras  durante dos  años en el que según las crónicas  frecuentó a Ezra Pound, Hart Crane, John Peale Bishop, Lewis Galantiere, Gorham Munson, Malcolm Cowley & Archibald MacLeish.

Cummings decidió ser poeta cuando era todavía un crío. Entre los 8 y 22 años escribió, al parecer,  a poema diario. La influencia de su padre professor of Sociology and Political Science at Harvard University y posteriormente  ministro en la the South Congregational Church, in Boston. En su juventud los sermones de su padre eran inspiración de los poemas de su “In Just-” o  “you shall above all things be glad and young,”.  Posteriormente el misticismo de Buber como referencia en su poesía, la constante aparición del  buen Dios convivieron junto a sus poemas eróticos -que fueron en su momento verdadera provocación-. El espíritu americano permite casi todo, y el deseo de una explicación en el espíritu no impide una  vida llena de matrimonios y divorcios, de noches largas y de cambios de ritmo, de canto al placer y al eros, difícil encontrar en el  mundo europeo, obsesionados por la separación del espíritu y el cuerpo, por las vidas testimoniales, por reglas morales, tradiciones estáticas,  de reflexiones laberínticas cuya expresión  encontramos en  Tosltoi, o  Kierkegard,   Agustín de Hipona o Unamuno. Esa frescura siempre admirable en   los ritmos al otro lado del atlántico todo es posible, todo compatible, la vida en este lado y la confianza en la existencia de un  código secreto. Allí se encuentra un Cummings sutil y vital, optimista y rompedor.

El poema my sweet old ectecera  se encuentra incluido en el Oxford Book of WarPoetry editado por Jon Stallworthy y formalmente pertenece al Cummings vanguardista donde quiebra toda estructura y hace un uso poco convencional de las mayúsculas y de la puntuación así como a modo de leiv motiv del etcétera. Algo recuerda en él a la tía de S Sassoon, a las tertulias del joven Sassoon con amigos y familiares en Londres o en la campiña tan lejanos del barro y las muertes en serie. Algún comentarista del poema propone leerlo sin el etcétera, pero creo que el etecétera es esencial, desdramatiza el cruce de miradas ajenas a la realidad de la guerra, pierde nitidez la intención crítica, le da un carácter coloquial como si tal cosa, pero creo que su efectos lejos de restar intensidad lo aumentan.

I Pemán

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