Posteado por: ignaciopeman | enero 3, 2013

El Espiritismo y la Gran Guerra

El poema ‘En-dor’, de Rudyard Kipling. El espiritismo y la Gran Guerra.

Nuestro mundo y el de los difuntos están separados por un abismo infranqueable (Lucas 16: 26). Por ello descreemos de las historias que narran las visitas de los fallecidos.

No es así para el ‘espiritismo’, conforme al cual ambos mundos están muy cerca el uno del otro, bastando ciertas ‘técnicas científicas’ (mesmerismo, electricidad, etc) para acceder a la morada de los muertos.

Sobre este dudoso presupuesto se organizó un entramado de sesiones, en habitaciones convenientemente oscurecidas, en las que los protagonistas lo son los médiums y sus clientes (y también quiénes quieren desenmascarar a aquellos), y en donde las mesas levitaban, raspaban los nudillos sobre las puertas, se oían y veían cosas sobrenaturales y el medium hablaba con la inconfundible voz de los que se han ido.

Ya sabemos que la Gran Guerra provocó la muerte de numerosos jóvenes. Muchos padres y esposas, insoportablemente dolidos, acudieron a los médiums como último recurso para poder contactar con los hijos o maridos que habían fallecido en combate. Está claro que el espiritismo (que tantas personas educadas apoyaron) satisfacía una necesidad real, e incluso quizás alivió el sufrimiento de muchas personas. Nada de ironías cuando se habla del dolor de otros.

Pues bien, en septiembre de 1915 murieron en el frente occidental, entre otros tantos, dos magníficos muchachos, el segundo teniente Raymond Lodge, hijo de Sir Oliver Lodge, y John Kipling, integrante de los ‘Irish Guards’, hijo de Rudyard Kipling.

La reacción de los padres ante idéntico desconsuelo, que es el objeto de nuestra nota, no pudo ser más diferente.

Sir Oliver Lodge escribió en 1916 un libro importante para la difusión del mensaje espiritista, lleno de consuelo y optimismo, titulado ‘Raymond, or Life and Death’.

En tal obra, el padre cuenta su experiencia en las sesiones de espiritismo, a través de las cuales empezaron a llegar en tropel los mensajes del hijo fallecido. Para empezar, comunica que está feliz, incluso ama a una joven, también fallecida, que en ese momento está a su lado. Además, está ayudando a que los nuevos fallecidos se acomoden a su nueva situación (los padres quedan debidamente confortados: el hijo es feliz y desempeña un trabajo útil). ‘Raymond’ describe el mundo de los espíritus, pero, fuera de vagos elogios a su actual estado, no aporta nada novedoso (eso sí, precisa que en el ultramundo los cigarros no se manufacturan con materia sólida sino con éter y gases). Formula vagos pronósticos sobre el futuro desenlace de la guerra, e incluso expresa una vergüenza muy masculina por tener que llevar ropajes celestiales: ‘¿Podéis imaginarme vestido con túnicas blancas?’.

El libro tuvo un éxito enorme, fue reeditado numerosas veces, y sirvió de modelo a otros similares.

Por supuesto que, al igual que con los demás supuestos de espiritismo, del otro mundo no vino ninguna información nueva o interesante (por ejemplo, anticipar un descubrimiento científico). Pero es fácil tomar partido por los padres, y sentir con ellos la necesidad de hacer algo y mitigar el dolor. Es la vieja pregunta: ¿Es conveniente la verdad o debe ser verdad lo conveniente? [Ideas tomadas del excelente John Casey, ‘After Death’]

Rudyard Kipling toma la postura opuesta. Cree que existe el peligro de que las mentiras o trucos del espiritismo produzcan más daño que alivio: la mentira es siempre un analgésico peligroso.

Su hermana, ‘Trix’, había practicado el espiritismo. Posteriormente, por la razón que fuera, tuvo problemas psiquiátricos que el poeta asoció a tales prácticas. RK había criticado los fraudes sobre presuntas facultades paranormales en diversas ocasiones (así en la narración ‘The Sending of Dana Da’), y ahora, terminando la guerra, en 1919, publica su poema ‘En-Dor’, un ataque frontal contra el espiritismo.

La bruja de En-Dor (o Endor) es una personaje del primer libro de Samuel, que tiene la facultad de convocar a los muertos (precisamente invoca al fallecido profeta Samuel, quien amonesta al rey Saúl). RK toma su figura como ilustración del fenómeno espiritista, y escribe  el  poema que traduzco.

JM Navarro Viñuales

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