Posteado por: ignaciopeman | abril 18, 2013

Reseña biográfica

may

http://warpoets.org.uk/worldwar1/poets-and-poetry/may-wedderburn-cannan-2/

 

May Wedderburn Cannan ( Oxford14th October 1893- Berkshire, 11 December 1973)  hija del Dean del Trinity College  Charles Cannan, vivió en un ambiente intelectual y literario  en  Oxford, donde nació.  A los 18 años  comenzó sus estudios Enfermería y al iniciarse la guerra, con 21 años, era   enfermera miembro del Destacamento de Ayuda Voluntaria. Vivió la guerra y la guerra modeló su vida. En su recuerdo May publicó un libro de poemas de guerra In War Time  en 1917 y mucho más tarde publicó The Tears of War en el que narra su historia.

La guerra fue trágica para Cannan, en la versión de la  Encyclopedia Of British writers/ Alan Hager, su primer novio murió en el frente y el segundo al finalizar la guerra .Bevil Quiler-Couch, así se llamaba este último murió acabada la guerra en tierras alemanas. Sobrevivió a la batalla de Mons y Ypres; May y Bevil  se  vieron con motivo del Armisticio en París y prometieron casarse oyendo las campanas celebrar el fin de la guerra, pero murió de una inesperada gripe como una coda inesperada dos semanas antes de ser desmovilizado, que convirtió su relación en una de  historia imposible.

May aporta a la poesía de   guerra aquí recopilada la perspectiva de la novia desolada, la de la pérdida, pero  no la del padre, no del amigo, sino de la novia que espera un final que no llega. May Wedderburn vivió intensamente la guerra, como enfermera, como camarera en un bar de estación militar en Rouen, editora junto a su padre al servicio de la Oficina de propaganda, como trabajadora del servicio de espionaje inglés en París pero   sobre todo fue novia de soldado, y viuda sin casarse.

El poema describe los planes de la pareja para “cambiar el mundo”. Está lleno de imágenes de caminos y viajes, cruces,  sueños de juventud, fama, sueños rotos, frustrados por la muerte prematura en la guerra. A pesar de la lejanía de sus voces, de su particular experiencia, resulta cercana la frustración de ilusiones que relata; nada es ajeno pues la juventud como un sueño no es patrimonio exclusivo de la guerra, quizás porque el  destino inherente a todo sueño de juventud es ser anhelado en la madurez, porque toda mirada retrospectiva puede tener algo de edén irrecuperable; la guerra sería la madurez, los caminos, los viajes, el sueño de la fama, o de transformar el mundo, un eco que acompaña la madurez, con  o sin guerra, como una «lámpara» desde la que se divisa la vida.

I. Pemán

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