Posteado por: ignaciopeman | julio 18, 2013

reseña

Portada de The Fourth Imagist: Selected Poems of F. S. Flint

 Frank Stuart Flint (December 19, 1885 – February 28, 1960), era  un   joven ilustrado de  29 años al comenzar la guerra del  14,  conocido no solo como traductor de poesía francesa sino también como  precursor junto con Erza Pound y T.E. Hulme del imaginismo, actividad que compatibilizó con su trabajo como   funcionario desde el año 1904.

F.S. Flint se alistó en el ejército pero no conoció el frente durante la guerra al ser excluido del servicio en el extranjero por problemas de vista. Su servicio en el ejército  lo realizó en Inglaterra y Escocia, en trabajos de cocina y jardinería salvo al final que ejerció  como profesor de francés a oficiales que esperaban la desmovilización. Su repuesta poética a la guerra se encuentra en su libro Otherworld (1920).

En el poema traducido –The Lament-  F.S. Flint no describe rostros o gestos en las trincheras, ni la pesadilla de los fuegos artificiales en la noche, ni el miedo ante el ataque, ni la amistad que se teje en acecho y en  el peligro, sino que remarca el destino histórico y bíblico al que sus padres condenaron a esta generación de  jóvenes soldados que fueron al frente. Se refiere a su destino como  una condena no por  errores suyos sino por los de  la generación anterior que les mandaron a una guerra de forma tan banal;

En las palabras de F. S. Flint  el sacrificio gratuito conecta  con  la extraña fuerza que puede llevar al hijo a cumplir la voluntad de los padres, por incongruente que sea su voluntad, y nos habla con   evidentes    referencias  bíblica, algunas -como el sacrificio de   Abraham que se encuentran  también en otros poetas-, y otras más específicas como las referencias a  las bienaventuranzas del Evangelio de San Mateo.

Sugerente propuesta que en la guerra y fuera de ella,   los padres pueden llegar a condenar a los hijos a un sacrificio inútil, extraña relación entre generaciones, la relación padre-hijo, de respeto y rebelión crean una de las dinámicas más complejas; los padres  en menor intensidad establecen reglas, comportamientos, pautas, más o menos justificadas acertadas y desacertadas; pero  sorprende que los hijos, los que participaron en la guerra precipitados en muchos casos por sus padres,   encuentren con demasiada frecuencia problemas  para   culpar a un padre  por cualquier error. A veces incluso para reconocer  algún defecto,   como si quisiera que toda voluntad del padre fuera correcta.

Se siente al leer  el poema cómo incluso en caso  de actitudes de rebeldía  frente al padre –o madre- ,  el  hijo necesita tarde o temprano de una reconciliación; llama la atención la extraña  culpabilidad que puede generar en un hijo el conflicto interno entre la libertad propia y el fatum de  cumplir el deseo de los padres.El error de bulto de aquella guerra creó un conflicto a muchos soldados  en el deseo de complacer y encontrar sentido al destino marcado por otros. La fuerza de esa huella, la de la voluntad de los padres, tanto  para ser afirmada o negada, y  en  épocas de paz en aspectos  tan diversos como la identidad, la profesión, el medio social elegido…; en fin, quizás todo lo que hacemos no sea sino una forma de diálogo con nuestros padres, reclamando su libertad y  a la vez su reconocimiento.   El poema hacer recordar a tantos padres  inflexibles con los hijos,  a hijos agresivos que han sufrido la condena de la orfandad, de la falta de referencia, de la soledad de su destino.  A cuántos hijos he visto que creyéndose eruditos y libres he percibido cómo su incesante  lectura e  interpretación de la vida  no ha sido una justificación de las ideas heredadas en  su infancia.

El fatum y la pietas decía T.S: Elliot es un sello que Virgilio y luego el cristianismo incorporó a la cultura occidental (que en el poema de Flint aparecen en un baile acompasado)  y sin embargo no hay palabra  que  llame tanto la atención como  la advertencia  de Jesús de  que nadie debe hablar  por boca de sus padres, su insistencia en el sé tú mismo, busca en el espíritu interior, libre de prejuicios,  de herencias culturales, al margen por tanto  de  deseos ajenos, de  padres y madres, ni en contra ni a favor, en la sola búsqueda de la libertad absoluta interior  como fuente de las propias palabras, como si el  verdadero Padre fuera esa libertad interior absoluta, ese estar sin ideas preconcebidas, de apertura total al mundo.

I. Pemán

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: