Posteado por: ignaciopeman | diciembre 6, 2014

reseña

Bernard Trotter nació en Toronto un  16 de Junio de 1890, hijo de un ministro baptista  y profesor de MacMaster  en cuya universidad también él estudió hasta que en Marzo de 1916 zarpó como voluntario para Inglaterra donde completó su instrucción hasta que en Diciembre de 1916 fue enviado al Frente del oeste como oficial en el regimiento  de Leicestershire 11th. Su vida en el frente como oficial de transporte  fue corta pues el 7 de mayo de 1917  murió por un proyectil al volver de noche al campamento. Fue enterrado al día siguiente en el cementerio militar de Mazingarbe. Tenía 26 años.

Trotter había sido un activo e inquieto estudiante en la vida literaria de la Universidad, como editor de McMaster Monthly,  y publicado sus primeros poemas en Harper’s Magazine in 1914 con la naturaleza y sus recuerdos de adolescencia como protagonistas. Tras su muerte su padre  recopiló sus poemas y los publicó en el año 1917   bajo el título  A Canadian Twilight and Other Poems of War.

Bernard dejó también una una intensa correspondencia en la que describió con detalle la vida en las trincheras,  sus traslados,  su vida cotidiana,  sin perder en ningún momento su actitud inicial de entusiasmo y optimismo. Optimismo   que transmitió a su familia tal como expresaría su madre en una carta dando cuenta de la muerte de su hijo

“I have some other news for you though that is sad and hard though not so sad or hard as it might have been. Bernard was killed in action last Monday. He would have chosen that, I think, rather than being sick and invalided home, or taken prisoner, or worse than anything, horribly mutilated as so many poor fellows have been.” In death, as in life, Bernard Trotter was “lucky”. He would not “grow old, and tainted with the rotten effluvia of the peace” he had bravely “fought to win.”

He elegido el poema traducido aquí, A Kiss, porque  refleja una imagen  inédita en la poesía seleccionada; la despedida de una pareja tras un verano de permiso, quizás en una estación tras lo que parece fue un breve encuentro veraniego en su breve permiso, breve el encuentro, breve el verano, breve posiblemente su vida, una despedida breve, entre unos aún casi desconocidos, imaginando un encuentro que nadie sabe si se dará. Inspira ternura su inocente  mirada, su esperanza en el futuro,  sus movimientos tímidos, sus sentimientos casi sin nacer que es fácil imaginar   en una estación  llena de idas y venidas, de vapor y vagones de ventanillas abiertas, de  andenes y besos furtivos, de besos  fraternales más colegiales,   de contenidas palabras por el viaje a un frente más que incierto.

Ignacio Pemán

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